El valor político de la palabra post terremoto

“Van a regalar comida”, “dieron permiso para sacar las cosas”, “Carabineros está dejando entrar”, son solo algunas de las frases que se escucharon en varias ciudades del sur de Chile después del terremoto, según publica la revista chilena Qué Pasa. Otros recursos verbales también fueron usados para crear realidades que permitieran a los interesados salirse con la suya, cito: “se fueron a toda velocidad gritando tsunami! para que despejaran la calle”.

No es este el lugar en que se juzgarán los hechos -ampliamente juzgados-, sino más bien la oportunidad para hablar de una dinámica básica, y obvia para los entendidos. Hay aquí una oportunidad para hablar del valor de la palabra y su capacidad de constituir una realidad política. Instintivamente los saqueadores hicieron uso del valor de la palabra para generar un espacio en el cual moverse a conveniencia.

Los mismos argumentos están siendo usados por aquellos que hoy son procesados y deben defenderse en su calidad de imputados por receptación de especies o robo. Aseguran que sí oyeron que estaban regalando las cosas. Simple hecho que los exculparía.

Constatamos entonces la zona de disputa en la palabra, campo de interés para la comunicación política.

Conviene decir estas cosas que pueden ser obvias para hacer ver que no es realista ni natural reducir una serie de hechos sociales a juicios morales, económicos o simplemente conflictos civiles y por lo tanto judiciales. La realidad dice que la posición de cada uno de los individuos que saquearon, o de sus víctimas, configuraron la oportunidad política de saltarse las normas sociales acatadas en circunstancias regulares.

En el aspecto práctico esto implicaría que un juicio no basta para remediar tal suceso. Bien lo sabe el dueño del supermercado en Constitución que debe seguir viéndole la cara, y probablemente vendiendo, a sus saqueadores y que por eso no ha denunciado. Lo que nos plantea un conflicto posterior. ¿Qué pasó con la comunidad y la red social construida? ¿Cuánto vale hoy la palabra del vecino en lugares como Constitución?

Es pieza de estudio la reacción de la gente. “No me olvido de sus rostros. Eran caras como inconscientes, que habían perdido algo de humanidad. Rostros como de animal asustado y feroz”. Y es que cuando perdemos la palabra -recuerdo acá la original definición de Aristóteles al respecto- el hombre no es más que un animal.

Y se puede juzgar a un animal y castigarlo, pero un gobierno eficaz solo avendrá a través de la palabra en el tiempo, y siendo este el caso conviene recordarlo. Además de seguir pendientes a qué nivel de entendimiento somos capaces de llegar.

La foto es de Pedro Pablo Pinacho Davidson

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